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La vida

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​ Estoy leyendo La sociedad de la nieve.  Uno a uno van desgranando cómo vivieron aquellos 71 días en uno de los lugares más inhóspitos de la tierra. A la par que los leo, los veo 40 años después en una entrevista conjunta, sentados cada uno al lado del otro. La mayoría con sus zapatitos brillantes de piel marrón.  Siento una ternura infinita por esos hombres a los cuales la vida permitió llegar a superar la década de los 60 y comprendo, por fin, lo maravilloso que es nuestro cuerpo que pasa de ser una crisálida con veinte años, a ser una personita redonda, canosa y con la mirada afable del que ha vivido ya todo lo suficiente para entender lo afortunado de alcanzar las distintas décadas. Este pensamiento me lleva a admirar mi nueva redondez, mis nuevas canas y a comprender que debo sentir admiración y gratitud por mi nueva etapa de vida. En breve soplo mis cincuenta velas sobre el pastel. Rodeada de las personas más importantes de mi vida.  Espero y deseo conseguir la mir...

Distintos horizontes

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​ Anticipo y medito que en esta vida no existen los horizontes fijos, si no tantos horizontes como mínimos grados viremos en nuestra vida.  Es así como me visualizo en grupos de senderismo, marchando a conocer a Neyva, a Jorge, experimentando sabores que no me permito experimentar a día de hoy.  En mi casa me veo retirando con dolor imágenes y sustituyéndolas por otras, divertidas, reivindicativas, bellas. Alejo el miedo de mi a vivir cosas nuevas, distintas, a caminar por sendas que ni me hubiera imaginado que podía transitar. Son tantos años cambiando de posición geográfica dentro de mi misma que imaginar un salto más ya no me produce ansiedad, en todo caso pena. Y transito por el duelo anticipado para reconocer las piedras porculeras que siempre aparecen en ese camino. Son demasiados duelos ya como para no saber de qué color son y cómo son sus puntas. Así que ensayo, como en una obra de teatro, los diferentes escenarios de la vida para que, una vez en ellos, no me resulten ...

Si te vas

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​ Tienes un esqueleto de origen árabe que emerge cada vez que el fuego arrasa tu vida.  Siento un gran pesar dentro de mi y al mismo tiempo un triste alivio, como cuando sabes que un familiar está más cerca de la muerte que de la vida y prefieres, aunque duela eterno, que deje de sufrir. Ese sufrimiento, en el caso de nuestra Sierra, lo teníamos todos y cada uno de los que la amamos, porque veíamos cada año como su masa forestal, absolutamente desaforada, era la carne de cañón que acaba explotando siempre.  Lo que no sabíamos, aunque cada verano lo viéramos, es cuándo iba a suceder.  Si pillaría el fuego, como en una ratonera sin salida, a nuestros adolescentes en el río, a nuestros ancianos visitando sus parcelas en el monte o a nuestros amigos de senderismo por aquellos caminos antiguos que nuestros ancestros recorrieron.  Anoche me sentía cruel y desalmada al verbalizar que mejor que ocurra de una vez, porque esperarlo cada verano, con el alma en un puño, mientras...

Construir identidad

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​ Qué sabia es Samanta, qué sabia a base de golpes y sufrimiento en un mundo hostil que, en primera instancia, le rechazó siempre. Qué sabia Samanta que reflexiona al hilo de la construcción de nuestra propia identidad, hecha con cachitos de la mirada externa de todos y cada uno de los demás y con nuestra propia mirada, la que nos va de dentro hacia fuera o de nuestros propios contornos hacia dentro. Y la reflexión con su entrevistador, comprendiendo que existen tantos yoes como personas con las que interactuamos, por lo que somos, en realidad, seres poliédricos, con un número infinito de caras. Esa descripción que hace de las muñecas diversas, de las muñecas manipulables, que podíamos modificar a la imagen y semejanza que nosotras queríamos de nosotras mismas, burlando así la persecución del fascismo, de querer unificarnos a todos bajo un mismo uniforme físico y psíquico, seres manipulables y con apariencia admitida por los ojos de los poderosos, así si, así no. Habló de esa falla gra...

Un dibujo animado con mariposas, estrellitas o corazones revoloteando

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Percibí que las horas volaban, cual mariposas blancas revoloteando a mi alrededor, a medio camino entre las estrellitas que giran en los dibujos animados cuando entre risas observamos una cara con la lengua fuera y los ojos en blanco o mirando en posiciones imposibles y esos corazoncitos también voladores que revolotean sobre las cabezas de rostros arrebolados, con sonrisa tontuna y ojos inundados por la emoción. Así me sentí yo en aquella silla metálica, abrazada por una temperatura abrasadora en un relieve que a no se quien le dio por describir como meseta central, o algo así. Y las agujas del reloj se volvieron absolutamente locas. Tan pronto dejó de existir el espacio-tiempo, como dejé de percibir el hambre o la sed, ni si existía vida más allá de los contornos de nuestra mesa metálica y los cuerpos que habitábamos en aquel preciso momento. No era amor romántico al uso, no de ese que se muere por empotrarse físicamente para percibir cada poro del cuerpo del otro. No habían latidos ...

Sabiduría de mi padre

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​ Me quiero comprar una furgo nueva para poder llevar a mis padres de 77 de viaje por Europa.  Este año la bretaña francesa, al otro porqué no a Yugoslavia.  A donde sea con tal de pasar días de asueto junto a mis padres, porque lo único que me quedará de ellos son los momentos vividos y una bella escala de valores. En ese querer una furgo pregunto y repregunto a una tal Gemini que si este modelo interesa más que este otro y en ese voy y vengo del frente a un cristal, llega el día de ayer y tras ver una furgo de ocasión le pregunto que qué le parece a esa misma máquina cochambrosa, de cables, calor infinito y millones de hectolitros de agua que nos roba a los humanos, que qué le parece la de ocasión.  Conclusión Gemini me dice, que ni se me ocurra dejar escapar la de ocasión. Si, si, Maribel, claro que si. Cojo el teléfono y marco el teléfono de mi padre, el que atesora una verdadera inteligencia humana, construida a base de experiencia, ensayos propios y ajenos y errores...

Funeral de la Valenia que fui

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​ Hoy por fin me di cuenta de que mi yo de 1988 aproximadamente hasta 2025 ha desaparecido por completo, se ha esfumado, borrado, finiquitado, fallecido. Y en ese certero descubrimiento he sentido que tenia que celebrar un funeral, un adiós, un bye bye que me ayude a despedirme y afrontar el pertinente duelo de la forma más sana posible. Sin traumas de más, sin complejos patológicos de pasajeros incómodos.  Así que en el cambio de armario de invierno a verano, una pira de vestidos, faldas y pantalones que me acompañaron durante varios lustros, yacen cuál mortajas sin cuerpo en el que habitar, en el suelo del dormitorio.  Y yo los miro y pienso en un barco vikingo a la deriva, con su pira funeraria ardiendo y me imagino a la mía particular de textil y texturas varias ardiendo sobre el mar mediterráneo, alejándose con las olas hacia dentro, mientras yo desde la orilla, observo el fuego hipnótico mientras me recuerdo a mi misma con todas aquellas prendas que me definieron y me ac...