Fábrica de sueños
Anoche apareciste en mis sueños, llevabas menos ropa... La fábrica de mis sueños andaba moviendo andamiajes, de aquí para allá, tratando de armar una estructura tan inverosímil y absurda como todo paisaje onírico se merece. Tan pronto andaba representando la inseguridad que me generan los pantalones del curro de una talla 40 en los que a duras penas puedo meter las manos en los bolsillos, con escaladas sobre suelos resbaladizos e inestables que me hacían caer con la angustia histérica agarrada a mis intestinos. Como de pronto me dirigía hacia un lugar desconocido en el que encontraba a un amor platónico madrileño que se debatía entre una joven bella, con el cuerpo típico de los veinte y una alegría descarada, segura y desenfadada del que se sabe o se cree en la cúspide del mundo y una mujer caminando hacia el medio siglo, con su tripita a cuestas, su pantalón de una talla 40 estirando al máximo sus costuras que con mirada cómplice trata de decirle que entiende si elige la cúspide en ...