Entradas

Micra Blanco

Imagen
No se porqué (o si) hoy ha venido a mi memoria ese que llaman el primer amor.   Un rinconcito de mi memoria antigua ha traído a la boca del estómago retazos de aquellas noches apasionadas dentro de un pequeño Nissan Micra.  Me he preguntado si con alguno más de los chicos con los que estuve volví a sentir aquel volcán en erupción, arrollador e imparable que me sacudía todo el cuerpo.  Y me he contestado que no, què de aquella manera exacta no.  Tal vez porque respondía a esas primeras veces en las que, por desconocido, dejaba una huella profunda en nuestra memoria.  Recordamos el primer beso, pero no el segundo.  Seguramente ese es el motivo de que Tena, pese a toda la mierda del universo atravesando su piel, haya quedado ligado a mi memoria de esa forma tan enraizada. Aquella mente de 18 años no solo era virgen en su cuerpo, también andaba desprovista de miedos e inseguridades que aprendió después, como quien aprende a hablar en un idioma nuevo que jamás a...

Esperanza

Imagen
Creo que lo que Naia nos quiso decir es que valoráramos lo esencial, lo simple, lo cotidiano, lo más importante de todo, la SALUD. Creo que su mensaje enlazó directamente con el concepto de ESPERANZA que tan vital es para enfrentar las situaciones más adversas, que nunca llegarán a ser tan definitivas como la pérdida irreversible de la salud.  Me enseñó que las nubes que pueden haber sobre nuestras cabezas pueden ser terriblemente negras, azotar el viento gélido con la más cruda de las fierezas, pero aún así, pese a la más terrible de las situaciones externas, podemos mantener la esperanza, alimentarnos de ella, porque será justamente ella la que nos mantenga con vida hacia adelante, la que nos dote de un propósito en el que, aunque nosotros físicamente no lo alcancemos, allanemos el camino para los que nos sobrevivan. Viktor Frankl y Primo Levi, nos legaron con su experiencia en los campos de concentración nazi, cuán de importante era para sobrevivir, vislumbrar nuevos horizontes,...

Mis cincuenta

Imagen
50 finales de verano en mi haber. Medio siglo, media vida, medio camino recorrido, si es que el azar me otorga ese hipotético medio recorrido por realizar. Cincuenta años de aprendizaje, de errores, aciertos, comienzos, desestimientos, vivencias sufridas y disfrutadas en porcentajes necesarios en esto del vivir. Decidí celebrarlo sin grandes algarabías, ni multitudes, ni demasiado estrés mental para mi.  Decidí celebrarlo junto a mis imprescindibles en la vida, a saber, mi madre, mi padre, mis hijos y mi pareja. Un viaje corto de fin de semana con visita a dos cascos viejos de ciudades catalanas y por las tardes, teatros para ver un día cortometrajes de esos que te llevan a meditar y otro día una obra de teatro de un grande en su oficio, que con casi 89 años te recuerda porqué hace la nada desestimable cifra de 2600 años que existe en la humanidad esta disciplina artística tan maravillosa. Soplar las velas sobre un bocata de hamburguesa sin hamburguesa fue el colofón más bello para...

Desde que no nos vemos

Imagen
​ A moco tendido he acabado. Al ver la cara de su hija, en su mirada, en su sonrisa, en sus ojos, de pronto veía a Enrique y una profunda emoción, mezcla de alegría y tristeza ligaban una argamasa peculiar en mi pecho, que fabricaba quintales y quintales de lágrimas, a la par que construía un dique en mi garganta que me impedía dejar de llorar. Aquel noviembre de 2019 supe que hacían en Madrid su homenaje. Supe que quería ir con toda mi alma, pero no busqué con quien ir y sola no me atreví.  Se me quedó la espinita clavada para los restos. Y hace poco volviendo a escuchar a mis queridos Secretos de antaño, con la voz de Enrique viajando por todas y cada una de mis neuronas, descubrí que existía un DVD con el concierto que me perdí. Me lo he puesto en el comedor, una tarde de sábado solitaria y me he dejado inundar por todas y cada una de las emociones, al ver a diferentes artistas que lo admiraron y quisieron como yo, cantando sus canciones de ayer y siempre. Si fuera verdad aquell...

La vida

Imagen
​ Estoy leyendo La sociedad de la nieve.  Uno a uno van desgranando cómo vivieron aquellos 71 días en uno de los lugares más inhóspitos de la tierra. A la par que los leo, los veo 40 años después en una entrevista conjunta, sentados cada uno al lado del otro. La mayoría con sus zapatitos brillantes de piel marrón.  Siento una ternura infinita por esos hombres a los cuales la vida permitió llegar a superar la década de los 60 y comprendo, por fin, lo maravilloso que es nuestro cuerpo que pasa de ser una crisálida con veinte años, a ser una personita redonda, canosa y con la mirada afable del que ha vivido ya todo lo suficiente para entender lo afortunado de alcanzar las distintas décadas. Este pensamiento me lleva a admirar mi nueva redondez, mis nuevas canas y a comprender que debo sentir admiración y gratitud por mi nueva etapa de vida. En breve soplo mis cincuenta velas sobre el pastel. Rodeada de las personas más importantes de mi vida.  Espero y deseo conseguir la mir...

Distintos horizontes

Imagen
​ Anticipo y medito que en esta vida no existen los horizontes fijos, si no tantos horizontes como mínimos grados viremos en nuestra vida.  Es así como me visualizo en grupos de senderismo, marchando a conocer a Neyva, a Jorge, experimentando sabores que no me permito experimentar a día de hoy.  En mi casa me veo retirando con dolor imágenes y sustituyéndolas por otras, divertidas, reivindicativas, bellas. Alejo el miedo de mi a vivir cosas nuevas, distintas, a caminar por sendas que ni me hubiera imaginado que podía transitar. Son tantos años cambiando de posición geográfica dentro de mi misma que imaginar un salto más ya no me produce ansiedad, en todo caso pena. Y transito por el duelo anticipado para reconocer las piedras porculeras que siempre aparecen en ese camino. Son demasiados duelos ya como para no saber de qué color son y cómo son sus puntas. Así que ensayo, como en una obra de teatro, los diferentes escenarios de la vida para que, una vez en ellos, no me resulten ...

Si te vas

Imagen
​ Tienes un esqueleto de origen árabe que emerge cada vez que el fuego arrasa tu vida.  Siento un gran pesar dentro de mi y al mismo tiempo un triste alivio, como cuando sabes que un familiar está más cerca de la muerte que de la vida y prefieres, aunque duela eterno, que deje de sufrir. Ese sufrimiento, en el caso de nuestra Sierra, lo teníamos todos y cada uno de los que la amamos, porque veíamos cada año como su masa forestal, absolutamente desaforada, era la carne de cañón que acaba explotando siempre.  Lo que no sabíamos, aunque cada verano lo viéramos, es cuándo iba a suceder.  Si pillaría el fuego, como en una ratonera sin salida, a nuestros adolescentes en el río, a nuestros ancianos visitando sus parcelas en el monte o a nuestros amigos de senderismo por aquellos caminos antiguos que nuestros ancestros recorrieron.  Anoche me sentía cruel y desalmada al verbalizar que mejor que ocurra de una vez, porque esperarlo cada verano, con el alma en un puño, mientras...