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Otro golpe de estado

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​ Por lo menos no van a sacar sus Máuser para empezar de nuevo a fusilarnos a todos.   23 millones de hijos de puta rojos, demasiado asfalto que oradar para las nuevas fosas en las cunetas. Me pregunto cuántos segundos podría aguantar yo una tortura como las que vivieron nuestras bisabuelas y bisabuelos.  No cantaría ni una sola delación, simplemente me dejaría ir. Muerta, de pena y asco. Vuelven los mismos de siempre a dar golpes de estado. Por la fuerza, por mis cojones, por mi santa y malvada iglesia, siempre a mi lado para no perder ese metal dorado y reluciente que tanto les gusta a las sotanas, ese metal y los niños claro. Carne fresca para destrozar. Pienso que si varias generaciones de nuestros antepasados consiguieron sobrevivir a 50 años de oscuridad (más 40 de falsa democracia siempre contra los mismos) ¿porqué no vamos a sobrevivir nosotros? Si aún en la más terrible y densa niebla consiguieron no claudicar y luchar y cantar y manifestarse por sus derechos, ¿qué co...

Amistad

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​ Hay algo en las amistades que se forjan en la infancia que deberían estudiar los arquitectos del Japón. Una suerte de cimientos ultra fuertes que ni con el taladro más potente del mundo consigues oradar. Como si el hilo rojo de una antigua leyenda, nos hubiera entretejido, aunque la distancia y los años nos separen, siempre que nos volvemos a encontrar, los abrazos y besos sinceros nos hacen sentir que, en realidad, no nos veíamos desde ayer y ese ayer es cada uno de todos esos veranos, pascuas y san antonios en los que nos ayudamos, de forma mutua, en ese hábitat propio llamado amistad, a crecer. Hoy pintamos ya canas y la piel anda dejando paso a nuevas grietas que antaño no estuvieron ahí y en esto de seguir creciendo andamos alimentándonos a poquitos con cada nuevo encuentro, continuando en esa ayuda mutua a disfrutar de ese lugar tan bello llamado amistad. Tus amigos y amigas fuenteros hemos recopilado un montón de fotos del pleistoceno, allá por dónde los columpios eran de hier...

Identidad

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​ Vuelvo a escuchar La senda del tiempo de los Celtas Cortos, una canción que siempre que escucho me traslada a Fuentes.  Desde niña tuve la extraña y contradictoria costumbre de saber encontrar en las melodías tristes algo en lo que, paradójicamente, encontraba paz y alegría, como si conocer que en el mundo hay una infinidad de tonos por los que pasar, me hicieran los tránsitos amargos más llevaderos.  Esta canción acompañó una grabación que hizo mi padre en 1993 por la pista de la Fuente el Zuro, desde el mismo pueblo hasta el nacimiento del río, allá por donde nuestros lindes se enzarzan con un pueblo llamado Torralba. Fue justo un año antes del incendio que reduciría todo aquel paisaje a brasa y ceniza. En 1994 comenzábamos a comernos el mundo, el pueblo incluido, con nuestras fiestas mano a mano y nuestra incipiente independencia en esto de salir hasta las tantas. Nos adaptamos rápidamente a aquel paisaje gris, celebramos, de hecho, la vida de nuestro pueblo más que nunca...

Siempre en frente

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​ Y si alguna semilla vuestra, genéticamente ha ido en torrente sanguíneo reproduciéndose en alguna de vuestras parientes, procreadas a través de hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, tíos, tías, primos, primas. Y si vuestra genética que conformó a aquellas mujeres comprometidas, nobles, valientes, luchadoras, empáticas, inteligentes, compasivas, no hubiera desaparecido con sus violaciones, torturas, violencias de todo tipo y muerte. Y si aquellos y aquellas hijas de la gran puta no hubieran podido acabar, como era su propósito psicópata, monstruoso y asesino, cuya excitación iba en aumento cuanto mayor era el dolor que infligían, coronándose en extasiados orgasmos cuando aquellas mujeres desmembradas expiraban a escasos milímetros de sus fosas nasales. Y si continúan en todas y cada una de las feministas antifascistas que caminamos hoy por la faz de la tierra. Quiero pensar que si, que porciones de Gerda Taro, Daría y Mercedes Buxadé, Teresa Genoveva Bellera, María Garcia y miles de...

Fábrica de sueños

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​ Anoche apareciste en mis sueños, llevabas menos ropa... La fábrica de mis sueños andaba moviendo andamiajes, de aquí para allá, tratando de armar una estructura tan inverosímil y absurda como todo paisaje onírico se merece. Tan pronto andaba representando la inseguridad que me generan los pantalones del curro de una talla 40 en los que a duras penas puedo meter las manos en los bolsillos, con escaladas sobre suelos resbaladizos e inestables que me hacían caer con la angustia histérica agarrada a mis intestinos. Como de pronto me dirigía hacia un lugar desconocido en el que encontraba a un amor platónico madrileño que se debatía entre una joven bella, con el cuerpo típico de los veinte y una alegría descarada, segura y desenfadada del que se sabe o se cree en la cúspide del mundo y una mujer caminando hacia el medio siglo, con su tripita a cuestas, su pantalón de una talla 40 estirando al máximo sus costuras que con mirada cómplice trata de decirle que entiende si elige la cúspide en ...

Sospecho que

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​ Sospecho que pueda estar desarrollando Alzheimer, lo cual me pone en la anticipación de que la voy a perder.  Se que la pérdida tenía que llegar tarde o temprano, pero una siempre tiende a querer que sea tarde, nunca temprano. También se que la muerte nos toca el hombro de infinitas maneras y ninguna es buena o deseada, aunque todos soñamos con irnos en las playas de morfeo, sin sufrimiento propio ni ajeno.  Pero esa suerte no está de venta en el mercado y lo único que podemos y debemos hacer es cargarnos de la máxima conciencia posible de lo que es la vida, el azar y la suerte de poderla vivir como mi madre la ha vivido. Este final de verano pasado lloré amargamente, desde lo más hondo de mi alma, cuando sospeché por primera vez que mi madre podía estar desarrollando un Alzheimer. Bajó a jugar a bingo con las abuelas de la calle en medio y cantó línea después de que ya la hubiera cantado otra mujer. Y le pasó dos veces en la misma tarde.  También observé que se ponía a...

Ay mi Robe

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​ Ay Robe que tarde llegaste a mis oídos… Ay Robe toda una vida contigo y yo escuchándote debajo del agua…a todas horas, a altas horas, con muelles en mis tobillos que bailaban al son de tus palabras mientras salpicaba con mis botas toneladas de charcos que me inundaban e impedían entender tu voz. Ay Robe que yo quería pero no había forma.  Ay Robe que yo veía las caras de felicidad, emoción, alegría de todos mis colegas y de aquellos a los que no conocía pero cantaban a grito pelao tus canciones mientras yo saltaba y conocía los ritmos de tu canción pero no tus mensajes, hoy ya se que pura poesía. Ay Robe que llegué tarde, pero más vale tarde que nunca y como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar hoy, por fin, consigo comprender, si cabe más, aquella emoción y alegría en las caras de mis colegas y todo Dios cuando te cantaban. https://youtu.be/VDpWEYvZBLU?is=7IqKaIWsylRfQ19E