Desde que no nos vemos
A moco tendido he acabado. Al ver la cara de su hija, en su mirada, en su sonrisa, en sus ojos, de pronto veía a Enrique y una profunda emoción, mezcla de alegría y tristeza ligaban una argamasa peculiar en mi pecho, que fabricaba quintales y quintales de lágrimas, a la par que construía un dique en mi garganta que me impedía dejar de llorar. Aquel noviembre de 2019 supe que hacían en Madrid su homenaje. Supe que quería ir con toda mi alma, pero no busqué con quien ir y sola no me atreví. Se me quedó la espinita clavada para los restos. Y hace poco volviendo a escuchar a mis queridos Secretos de antaño, con la voz de Enrique viajando por todas y cada una de mis neuronas, descubrí que existía un DVD con el concierto que me perdí. Me lo he puesto en el comedor, una tarde de sábado solitaria y me he dejado inundar por todas y cada una de las emociones, al ver a diferentes artistas que lo admiraron y quisieron como yo, cantando sus canciones de ayer y siempre. Si fuera verdad aquell...