Una moneda al aire
Estoy a pocos minutos de quedarme sin la última carta que me quedaba. Como si me hubiera quedado a la deriva en el espacio, eternamente, sin posibilidad de retornar, en lo que me reste de existencia, a su planeta. Estoy a pocos minutos de tener que conformarme con un no rotundo, con un muro de 7 metros, con la sensatez frente a mi imprudencia. Pero siempre he sido cabezota, persistente, corredora de eterno fondo, siendo esto tanto virtud como defecto. La firmeza no es mi fuerte cuando de recobecos del corazón andamos hablando y aquello de borrón y cuenta nueva me cuesta la vida cuando hubo mil de afecto y cero de maldad por ninguna de las dos partes. Así que me cuesta entender que no sea recíproco el querer conservar una bella amistad allá donde antes hubo conatos de incendio que ya quedaron apagados hace casi un lustro. Me cuesta creer que cuando se quiere de verdad hay quien no sigue queriendo eternamente. Porque hay mil formas de querer fuera del amor de pareja y en los...