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Fábrica de sueños

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​ Anoche apareciste en mis sueños, llevabas menos ropa... La fábrica de mis sueños andaba moviendo andamiajes, de aquí para allá, tratando de armar una estructura tan inverosímil y absurda como todo paisaje onírico se merece. Tan pronto andaba representando la inseguridad que me generan los pantalones del curro de una talla 40 en los que a duras penas puedo meter las manos en los bolsillos, con escaladas sobre suelos resbaladizos e inestables que me hacían caer con la angustia histérica agarrada a mis intestinos. Como de pronto me dirigía hacia un lugar desconocido en el que encontraba a un amor platónico madrileño que se debatía entre una joven bella, con el cuerpo típico de los veinte y una alegría descarada, segura y desenfadada del que se sabe o se cree en la cúspide del mundo y una mujer caminando hacia el medio siglo, con su tripita a cuestas, su pantalón de una talla 40 estirando al máximo sus costuras que con mirada cómplice trata de decirle que entiende si elige la cúspide en ...

Sospecho que

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​ Sospecho que pueda estar desarrollando Alzheimer, lo cual me pone en la anticipación de que la voy a perder.  Se que la pérdida tenía que llegar tarde o temprano, pero una siempre tiende a querer que sea tarde, nunca temprano. También se que la muerte nos toca el hombro de infinitas maneras y ninguna es buena o deseada, aunque todos soñamos con irnos en las playas de morfeo, sin sufrimiento propio ni ajeno.  Pero esa suerte no está de venta en el mercado y lo único que podemos y debemos hacer es cargarnos de la máxima conciencia posible de lo que es la vida, el azar y la suerte de poderla vivir como mi madre la ha vivido. Este final de verano pasado lloré amargamente, desde lo más hondo de mi alma, cuando sospeché por primera vez que mi madre podía estar desarrollando un Alzheimer. Bajó a jugar a bingo con las abuelas de la calle en medio y cantó línea después de que ya la hubiera cantado otra mujer. Y le pasó dos veces en la misma tarde.  También observé que se ponía a...

Ay mi Robe

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​ Ay Robe que tarde llegaste a mis oídos… Ay Robe toda una vida contigo y yo escuchándote debajo del agua…a todas horas, a altas horas, con muelles en mis tobillos que bailaban al son de tus palabras mientras salpicaba con mis botas toneladas de charcos que me inundaban e impedían entender tu voz. Ay Robe que yo quería pero no había forma.  Ay Robe que yo veía las caras de felicidad, emoción, alegría de todos mis colegas y de aquellos a los que no conocía pero cantaban a grito pelao tus canciones mientras yo saltaba y conocía los ritmos de tu canción pero no tus mensajes, hoy ya se que pura poesía. Ay Robe que llegué tarde, pero más vale tarde que nunca y como una regadera que la hierba hace que vuelva a brotar hoy, por fin, consigo comprender, si cabe más, aquella emoción y alegría en las caras de mis colegas y todo Dios cuando te cantaban. https://youtu.be/VDpWEYvZBLU?is=7IqKaIWsylRfQ19E

Esto también pasará

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​ Esto también pasará.  Ayudar a otros a ver lo que el dolor a veces nos oculta.  No se si tú u otra persona está pasando por un problema que parece no tener solución, ya sean crisis personales, laborales o el diagnóstico de una enfermedad terminal, pero deja que te diga una cosa: nada dura para siempre.  Cuando estamos sumergidos en una situación crítica, nuestra mente tiende a cometer un error de cálculo fatal: pensamos que el estado actual es permanente.  En psicología experimental, este fenómeno se denomina  Sesgo de impacto.   El Dr. Daniel Gilbert ha dedicado décadas a estudiar lo que él llama  predicción afectiva .  Sus estudios demuestran que los seres humanos somos sistemáticamente incapaces de predecir la duración e intensidad de nuestras reacciones emocionales futuras. Tenemos una tendencia innata a sobreestimar cuánto tiempo nos afectará un evento negativo porque, en el momento del trauma, nuestra consciencia sufre una contracción...