Eterno mientras dura


Dicen que el amor es eterno mientras dura. 

El nuestro lo fue. Fue eterno durante, exactamente un año.


Después ignoró cuando comenzó a caer por el sumidero del haberse enamorado de otra persona, por lo que descuento el siguiente año como tierra de nadie, desierto, tierra en barbecho, que sin yo saber debía de andar ya bajo mis pies.


Acabo de ver el vídeo que me montó con fragmentos de la película “La princesa prometida”, la canción de Oh my love de Jhon Lennon y la famosa cabecera de Indiana Jones. Todo ello aderezado por un remix de fotos nuestras de ese primer año.


Realmente sonaba a un primer amor, de esos que se viven con la intensidad de las primeras veces, con el romanticismo dramático de vivir a 850 km el uno del otro, con la pasión desaforada del que sabe que en vez de un reloj lleva un puto crono anudado a la muñeca con alarma incluida.


No puedo sentir rencor, ni rabia, ni desapego, ni asco cuando pienso en él. 

Siento cariño, nostalgia, alegría, ternura y admiración por un tiempo que ya pasó.


Las imágenes, como diapositivas proyectadas por un CinemaScope, pasean por la sábana fraudulenta de mis párpados cerrados. Y el estómago me recuerda que hubo un tiempo, hace ya tropecientosmil años, descubrí por primera vez lo que era aquello llamado amor.

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