Esto también pasará

Esto también pasará. 


Ayudar a otros a ver lo que el dolor a veces nos oculta. 

No se si tú u otra persona está pasando por un problema que parece no tener solución, ya sean crisis personales, laborales o el diagnóstico de una enfermedad terminal, pero deja que te diga una cosa: nada dura para siempre. 


Cuando estamos sumergidos en una situación crítica, nuestra mente tiende a cometer un error de cálculo fatal: pensamos que el estado actual es permanente. 


En psicología experimental, este fenómeno se denomina Sesgo de impacto.  El Dr. Daniel Gilbert ha dedicado décadas a estudiar lo que él llama predicción afectiva


Sus estudios demuestran que los seres humanos somos sistemáticamente incapaces de predecir la duración e intensidad de nuestras reacciones emocionales futuras.

Tenemos una tendencia innata a sobreestimar cuánto tiempo nos afectará un evento negativo porque, en el momento del trauma, nuestra consciencia sufre una contracción severa.


El presente se vuelve tan denso y pesado que aplasta nuestra capacidad neurológica de simular un futuro donde ese dolor ya no exista. Este error de percepción se ve reforzado por la Heurística de Disponibilidad , un concepto desarrollado por los premios Nobel Daniel Kahneman y Amos Tversky.


Esta heurística explica que nuestra mente estima la probabilidad y la duración de los eventos basándose solo en la información que tiene "más a mano" o disponible. Si hoy lo único que experimentas es angustia, tu cerebro asume erróneamente que la angustia es la única materia prima del universo.  Dejamos de ser narradores de nuestra propia historia para convertirnos en prisioneros de un solo fotograma congelado en el tiempo.


Sin embargo, la biología nos ofrece una refutación constante a esta sensación de permanencia a través de la Homeostasis. 

Todo organismo vivo, desde la célula más simple hasta el cerebro más complejo, busca intrínsecamente el equilibrio.


Tu cuerpo no posee la capacidad física de sostener un pico de cortisol o una descarga de adrenalina de forma infinita. El sistema por pura fatiga biológica y saturación de receptores, está obligado a reajustarse.

La neurociencia nos explica que el eje hipotalámico-hipofisiario-adrenal, encargado de la respuesta al estrés, tiene mecanismos de retroalimentación que, tarde o temprano, fuerzan el descenso de la activación. Esto significa que tu dolor tiene, literalmente, una fecha de caducidad escrita en tu propia fisiología.


El problema es que el ser humano es el único animal capaz de prolongar este estado de forma artificial a través del pensamiento, lo que nos lleva a lo que llamamos el Sufrimiento Anticipado.


Hay una máxima en el estoicismo que resuena con una precisión científica asombrosa: "Sufre más de lo necesario quien sufre antes de lo necesario" (Séneca).


Estamos diseñados evolutivamente para prever peligros, una función del lóbulo frontal que nos permitió sobrevivir a los depredadores en la sabana. Pero en el contexto moderno, esta función se descarrila y se convierte en Rumiación predictiva.


Estudios realizados en la Universidad de Penn State han seguido a personas con trastornos de ansiedad durante semanas, pidiéndoles que anoten sus preocupaciones y luego verifiquen si se cumplieron.


Los resultados son reveladores: más del 91% de las preocupaciones catastróficas nunca llegan a materializarse. Estamos consumiendo glucosa cerebral y energía emocional en simular batallas que nunca ocurrirán, pagando un interés altísimo por un préstamo de dolor que ni siquiera hemos pedido.


La lucidez, por tanto, consiste en entender que el futuro es una simulación mental sesgada por el miedo, mientras que el presente es el único espacio donde realmente tenemos capacidad de maniobra.


No le regales tu paz a un fantasma futuro mientras todavía tienes una realidad que gestionar hoy. Esta gestión requiere que comprendamos el curso natural de la materia.


Si observamos la Teoría de sistemas dinámicos comprendemos que la estabilidad es una ilusión óptica producida por nuestra escala temporal.

En física, todo sistema tiende a la Entropía, al aumento del desorden. Aunque esto suele interpretarse como algo negativo, es en realidad la condición necesaria para la existencia de la vida y de la creatividad. Si nada se degradara, si nada cambiara su estado, el universo sería un bloque de hielo estático donde ninguna novedad sería posible. 


Las cosas se rompen, las personas se alejan y los proyectos fallan porque la vida es un proceso de flujo incesante, no una colección de objetos fijos.


La resistencia a este flujo es lo que genera la agonía más profunda. 


El filósofo Heráclito afirmaba que nadie se baña dos veces en el mismo río, pero a menudo olvidamos la segunda parte de esa lógica: nosotros tampoco somos los mismos que entramos en el agua la primera vez.


Tu identidad no es un bloque de granito, es un proceso líquido respaldado por la Neuroplasticidad.


Durante décadas, la ciencia creyó que el cerebro adulto era inmutable, pero hoy sabemos que es un órgano que se remodela cada segundo.


A través de la Potenciación a Largo Plazo, tus neuronas crean y destruyen rutas sinápticas constantemente. Incluso después del trauma más devastador el cerebro mantiene la capacidad de reconfigurarse. 


Estás, literalmente, estrenando una aquitectura mental nueva con cada ciclo de sueño, lo que garantiza que tus pensamientos de hoy no tienen por qué ser tus pensamientos de mañana.


Desde el marco de la psicología cognitiva, sabemos que podemos ver el problema de varias formas utilizando la técnica del Reencuadre del contexto.


Richard Lazarus, pionero en el estudio del estrés, introdujo el concepto de Valoración Cognitiva.

Según Lazarus, el estrés es el resultado de la valoración del daño y nuestra valoración de los recursos para afrontarlo. En momentos de crisis, nuestra mente sufre una distorsión que exagera la amenaza y minimiza nuestros recursos de afrontamiento. 


La lucidez nos devuelve la escala real de las cosas. Incluso ante el diagnóstico de una enfermedad terminal, la perspectiva cambia radicalmente cuando dejamos de ver la muerte como un error del sistema y empezamos a verla como la conclusión natural y necesaria de un ciclo.


La ciencia de los cuidados paliativos ha demostrado mediante múltiples estudios que la Aceptación Radical reduce drásticamente la percepción subjetiva del dolor y la angustia.


Aceptar el fin no es una rendición pasiva, es un acto de coraje que nos permite dejar de pelear contra las leyes de la física para poder habitar con una presencia absoluta el tiempo que queda.


Para las familias que acompañan en estos procesos, este entendimiento es vital: no adelantes el luto.

El luto es la respuesta a la ausencia y mientras esa persona esté frente a ti, la ausencia no es total.

Honrar la vida de alguien significa estar plenamente presente en su curso natural, sin permitir que la sombra del último día oscurezca la luz de los minutos que todavía son reales. 


Esta capacidad de resistencia nos conecta con el fenómeno del Crecimiento Postraumático , estudiado extensamente por Richard TEdeschi y Lawrence Calhoun. 

Sus investigaciones demuestran que tras una crisis "sísmica" que rompe nuestros sistemas mentales previos, una gran cantidad de personas no solo recupera su nivel de bienestar anterior, sino que alcanza un nivel de funcionamiento y profundidad psicológica superior.


El trauma nos obliga a descartar identidades superficiales y a reconstruir nuestra visión del mundo sobre bases más sólidas y lúcidas. Desarrollamos lo que los antiguos llamaban Ataraxia, una imperturbabilidad que nace de haber mirado al vacío y haber comprendido que el vacío también es parte del paisaje.


Sin embargo, para que este crecimiento ocurra, debemos identificar y desactivar la Indefensión Aprendida , un estado descubierto por Martin Seligman donde el individuo llega a creer que nada de lo que haga tiene impacto en su realidad.


El chico que encontré en aquel puente estaba atrapado en esa creencia; para él, el sistema estaba cerrado y la única variable bajo su control era el acto de saltar. Mi labor durante esa hora y media no fue darle soluciones mágicas, sino recordarle que el sistema de la vida es demasiado complejo y dinámico para que él pudiera predecir su desenlace con tanta certeza.


La desesperación es, en última instancia, un fallo de imaginación; es creer que hemos leído todas las páginas del libro cuando en realidad solo estamos atrapados en un párrafo especialmente oscuro. 


La vida posee una inercia propia, una fuerza que nos arrastra fuera de los pozos incluso cuando sentimos que no tenemos fuerza para escalar. A menudo, la salida que buscamos de forma desesperada es fruto de la Paradoja de la Elección.


En una crisis, queremos la solución perfecta y definitiva y al no encontrarla, nuestra mente nos empuja hacia la salida de emergencia más drástica. 


Pero la Teoría de la Adaptación Hedonista nos ofrece una perspectiva distinta.

Esta teoría sugiere que todos tenemos un "punto de ajuste" emocional al que nuestro sistema tiende a regresar después de grandes alegrías o grandes penas. 


El tiempo no cura por una cualidad mística o mágica; el tiempo cura porque permite que los mecanismos biológicos de habituación hagan su trabajo. El cerebro termina por "filtrar" el ruido de la angustia crónica para permitir que los procesos de búsqueda de significado vuelvan a operar.


Lo que hoy sientes como un grito insoportable que ocupa todo tu espacio mental, en unos meses será solo un murmullo de fondo en la banda sonora de tu vida.


Es una estrategia de ahorro energético y supervivencia grabada a fuego en nuestro código genético. 


Saber convivir con esto es lo que la filosofía oriental y el budismo secular denominan la Comprensión de la Impermanencia o Anicca. Las cosas no son entes fijos, son procesos en constante transformación. Tu crisis actual no es una montaña de granito inamovible, es una formación nubosa, densa y oscura, pero compuesta de partículas en movimiento. Y ninguna formación meterorológica, por violenta que sea, tiene la magnitud necesaria para cubrir todo el cielo de forma eterna.


Vivir una vida lúcida es aceptar esta fragilidad intrínseca sin que eso nos lleve a la parálisis. Somos sistemas biológicos finitos habitando un universo inmenso y amenudo indiferente, pero en esa misma pequeñez reside nuestra mayor libertad.


Si nada de lo que logramos es eterno, entonces ninguno de nuestros fracasos tiene el poder de ser definitivo. 


La Perspectiva Cómica,popularizada por científicos como Carl Sagan y Neil DeGrasse, nos enseña que nuestro problemas, por pesados y terminales que parezcan desde nuestra óptica individual, son apenas fluctuaciones minúsculas en la escala del tiempo geológico y astronómico.

Esta idea no busca invalidar tu dolor ni minimizar tu experiencia, si no ofrecerte una escala manejable que te permita respirar. 


El mundo seguirá girando sobre su eje, las estaciones seguirán su curso y la vida encontrará nuevas formas de manifestarse a través de ti, siempre y cuando permitas que el proceso de cambio haga su trabajo. 


No permitas que tu autoconcepto, esa idea que tienes de quién eres, sea devorado por una situación que es, por definición, transitoria. 


Tú no eres tu deuda, ni eres tu diagnóstico, ni eres el error que cometiste en el trabajo. Eres el espacio consciente donde todos esos eventos ocurren y ese espacio es vasto, resiliente y mucho más antiguo que cualquier crisis puntual.


Aquel chico del puente hoy sigue caminando por el mundo, quizás con cicatrices, pero vivo.


Su historia no terminó en aquel segundo porque el tiempo, fiel a su naturaleza implacable, siguió avanzando y cambió por completo el escenario de su vida. 


La desesperación es una distorsión cognitiva severa, es el grito de un sistema nervioso agotado que ha olvidado que el mañana siempre trae datos nuevos, encuentros nuevos y una química cerebral distinta.


No le creas a tu desesperación cuando te diga que no hay salida.


No cierres el libro antes de tiempo por un capítulo que te resulta insoportable de leer. 


Los sistemas biológicos están diseñados para la búsqueda de la homeostasis, para encontrar el equilibrio incluso después del caos más absoluto.


El objetivo de este vídeo es ser esa voz que te ancle al asfalto cuando sientas que tus pies quieren dejar de tocar tierra.


La lucidez es la capacidad de mirar directamente a la tormenta y decirse a uno mismo "Esto es agua, esto es viento y esto también tiene un final".


No busques un optimismo ciego que busque la dureza de la realidad, busca un realismo profundo que entienda que el CAMBIO es la única garantía que tenemos.


Acepta el curso natural de las cosas, evita sufrir por escenarios que aún no existen y confía en la capacidad técnica de tu propio ser para transformarse y adaptarse. 


Porque al final de todo, la única verdad INMUTABLE que sostiene este universo es que NADA PERMANECE IGUAL. Ni el dolor más profundo, ni la noche más larga, ni la barandilla más alta tienen el poder de detener el amanecer.


@AdrianLusardi

Comentarios

Entradas populares de este blog

Agradecida

Y se abrió mi presa

Compartir sonrisas y vivirlo como un suplicio