Una moneda al aire


Estoy a pocos minutos de quedarme sin la última carta que me quedaba.


Como si me hubiera quedado a la deriva en el espacio, eternamente, sin posibilidad de retornar, en lo que me reste de existencia, a su planeta.

Estoy a pocos minutos de tener que conformarme con un no rotundo, con un muro de 7 metros, con la sensatez frente a mi imprudencia.

Pero siempre he sido cabezota, persistente, corredora de eterno fondo, siendo esto tanto virtud como defecto.

La firmeza no es mi fuerte cuando de recobecos del corazón andamos hablando y aquello de borrón y cuenta nueva me cuesta la vida cuando hubo mil de afecto y cero de maldad por ninguna de las dos partes.

Así que me cuesta entender que no sea recíproco el querer conservar una bella amistad allá donde antes hubo conatos de incendio que ya quedaron apagados hace casi un lustro. 

Me cuesta creer que cuando se quiere de verdad hay quien no sigue queriendo eternamente. 
Porque hay mil formas de querer fuera del amor de pareja y en los recobecos de mi corazón, la metamorfosis entre unos y otros se producen con natural facilidad.

Hoy no pude evitar tirar una moneda al aire y cerrar bien fuerte los ojos, porque ni quería, ni dejaba de querer conocer el resultado.

Al final la moneda cayó de cara y a través de un vínculo en común recuperé la cuerda que me unía a su planeta.

Pero nado en un mar de dudas.

Por un lado mi impulso me lleva ciega y rápidamente, sin más atisbo que mis entrañas tirando cual riendas de mi hacia delante.

Por otro mi estrecho y limitado raciocinio quiere hacer de freno de mano, de palanca de emergencia ferroviaria, de mascarilla de oxígeno en medio de mil turbulencias aéreas.

Y la lucha impulsividad versus prudencia siempre ha tenido un claro ganador en mi.

La vida son decisiones y yo ando marcando las x del tipo test mucho antes de haber leído las preguntas. 

Nadie me pasó el exámen antes, pero yo prometo que estudié...de la hostia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Agradecida

Y se abrió mi presa

Compartir sonrisas y vivirlo como un suplicio