Amistad
Hay algo en las amistades que se forjan en la infancia que deberían estudiar los arquitectos del Japón. Una suerte de cimientos ultra fuertes que ni con el taladro más potente del mundo consigues oradar. Como si el hilo rojo de una antigua leyenda, nos hubiera entretejido, aunque la distancia y los años nos separen, siempre que nos volvemos a encontrar, los abrazos y besos sinceros nos hacen sentir que, en realidad, no nos veíamos desde ayer y ese ayer es cada uno de todos esos veranos, pascuas y san antonios en los que nos ayudamos, de forma mutua, en ese hábitat propio llamado amistad, a crecer. Hoy pintamos ya canas y la piel anda dejando paso a nuevas grietas que antaño no estuvieron ahí y en esto de seguir creciendo andamos alimentándonos a poquitos con cada nuevo encuentro, continuando en esa ayuda mutua a disfrutar de ese lugar tan bello llamado amistad. Tus amigos y amigas fuenteros hemos recopilado un montón de fotos del pleistoceno, allá por dónde los columpios eran de hier...