Identidad


Vuelvo a escuchar La senda del tiempo de los Celtas Cortos, una canción que siempre que escucho me traslada a Fuentes. 


Desde niña tuve la extraña y contradictoria costumbre de saber encontrar en las melodías tristes algo en lo que, paradójicamente, encontraba paz y alegría, como si conocer que en el mundo hay una infinidad de tonos por los que pasar, me hicieran los tránsitos amargos más llevaderos. 

Esta canción acompañó una grabación que hizo mi padre en 1993 por la pista de la Fuente el Zuro, desde el mismo pueblo hasta el nacimiento del río, allá por donde nuestros lindes se enzarzan con un pueblo llamado Torralba.

Fue justo un año antes del incendio que reduciría todo aquel paisaje a brasa y ceniza.

En 1994 comenzábamos a comernos el mundo, el pueblo incluido, con nuestras fiestas mano a mano y nuestra incipiente independencia en esto de salir hasta las tantas.

Nos adaptamos rápidamente a aquel paisaje gris, celebramos, de hecho, la vida de nuestro pueblo más que nunca, con una enorme pancarta en formato sábana de lino (del bueno) blanca, con manchurrones de pintura negra a mano alzada que contaban al mundo "Garito, entra o revienta" con el ánimo imperturbable de los que sabían que pese a todo, la vida continuaba.

Y fue así como nuestros paisajes, poco a poco, volvieron a florecer, con la fuerza inagotable y cíclica con la que nos dota la naturaleza a todo bicho viviente, si, a las aliagas también, imprescindibles para el sotobosque.

Fuentes es mucho más que los paisajes, las calles y las fuentes.

Es parte de nuestra identidad, conformando las personas adultas en las que nos hemos convertido. 

Volver, regresar, reencontrar, son verbos que definen esa sensación que sucede cada vez que giramos la curva y volvemos a sentirnos, una vez más, en casa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Agradecida

Y se abrió mi presa

Compartir sonrisas y vivirlo como un suplicio