Micra Blanco

No se porqué (o si) hoy ha venido a mi memoria ese que llaman el primer amor. 

Un rinconcito de mi memoria antigua ha traído a la boca del estómago retazos de aquellas noches apasionadas dentro de un pequeño Nissan Micra. 


Me he preguntado si con alguno más de los chicos con los que estuve volví a sentir aquel volcán en erupción, arrollador e imparable que me sacudía todo el cuerpo. 


Y me he contestado que no, què de aquella manera exacta no. 


Tal vez porque respondía a esas primeras veces en las que, por desconocido, dejaba una huella profunda en nuestra memoria. 


Recordamos el primer beso, pero no el segundo. 


Seguramente ese es el motivo de que Tena, pese a toda la mierda del universo atravesando su piel, haya quedado ligado a mi memoria de esa forma tan enraizada.


Aquella mente de 18 años no solo era virgen en su cuerpo, también andaba desprovista de miedos e inseguridades que aprendió después, como quien aprende a hablar en un idioma nuevo que jamás antes había utilizado.


Puede que él aprendiera a hablar también un idioma nuevo con los años, el idioma de la violencia, con el aprendizaje aleatorio de la vida.


Siento lástima de no haber podido recordarlo con cariño por lo que fue y representó en mi vida. 


Aún con todo, no habrá lenguaje violento que pueda robarme mis primeras experiencias, en esto del amor, experimentando lo más parecido a fuegos artificiales dentro de un Micra blanco.

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