Agujeros en el camino

Inicié esta andadura preparándome para un final, el final que desde que tengo uso de razón y guardo memoria, siempre ha acabado llegando. 

Mi experiencia me ha enseñado que no existe nada, absolutamente nada que sea eterno, salvo la condición de hija y de madre, que resulta eterno hasta nuestra última exhalación. 

Visualizo diversos futuros y en todos expando mi optimismo imaginando nuevas aventuras, nuevas experiencias, nuevos afectos, nuevas oportunidades.

Mi angustia anticipando duelos dura poco, porque se que también los duelos me edifican, me construyen, me hacen crecer. Sobre todo en el noble ejercicio de valorar, por encima de todo, todas aquellas cosas buenas que esa persona nos aportó. Deshechando rápidamente del centro del pecho o del estómago, todas aquellas vivencias no tan buenas por las que haya tenido que pasar.

Planifico mentalmente, futuros posibles para mis peques, que son lo que más me importa en este mundo. Bueno, ellos y mis padres.

Y en todos los escenarios visualizo luz. 

Me siento feliz de constatar que mi vida, esta vida tan particular que me ha tocado vivir, me ha enseñado un montón de lecciones positivas para enfocar mi camino.

Porque cuando has caído en varios agujeros y has comprobado que de todos has podido salir, observas los siguientes agujeros con mucho menos miedo. Con cautela, porque sabes que la hostia, al caer va a doler igual, pero con toda la esperanza del mundo en saber que de ese, también voy a salir.

Así que hoy siento un pequeño pellizco en el estómago, como visualizando allá, en el horizonte del camino, un nuevo agujero y rápidamente alargo la vista un poquito más allá y en ese poquito más allá veo siempre un amanecer hermoso.

Disfrutemos pues del camino y de nuevos caminos por venir.

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