Vuelvo a ser gilipollas básica


Nos envían señales…si, los extraterrestres…espera no, son los que murieron y ya no están entre nosotros pero nos quieren decir algo…no espera, creo que no son ellos, son los de siempre…¿quienes? los del mercado, los del gremio del quiero todavía más pasta de la que me podré gastar en 100.000 vidas…si, sin duda, son ellos.

Hace más de un año que me quité las dos redes sociales que me invitaban diariamente a hacer un scroll infinito, carente de todo sentido, más allá del joderme todavía más la presbicia, fabricarme mayor desgaste de cervicales y lo peor, robarme el único tiempo de vida disponible que ya no volverá. 

De ese modo sucedió que al ser consciente de la tremenda mierda en la que me había metido, como el que deja de meterse rayas, dejé de existir en esos mundos virtuales de mierda.

Así que me quedó un bonito ladrillo rectangular, no muy grueso, que me servía para escribir y recibir esporádicamente algún watsap, mirar cada mañana los titulares de las noticias de mi diario digital de cabecera, pudiendo leer algún artículo entero si de verdad me parecía interesante, para escuchar algún podcast mientras marchaba a caminar y en algún momento de aburrimiento, entre mi afición por excelencia (la lectura) y mis deberes diarios, ponerme algún vídeo de podcast con entrevistas que me pudieran aportar conocimiento. 

Qué casualidad que esos vídeos a los que accedía a través de la App de YouTube, también tenían algoritmos colgados de sus ceros y unos, de modo que sin saber qué parada fue la que les indicó que me podía interesar, empezaron a sugerirme entrevistas a distintas personas que versaban sobre las ECM (experiencias cercanas a la muerte) y yo…acabé “comprándolas”.

De este modo durante unas semanas me vi formulándome preguntas que jamás me hubiera cuestionado. De este modo surgió en mi, como el que juzga un delito, el beneficio de la duda.

Llevo aproximadamente unos 4 o 5 años ligera de equipaje. Me desprendí de las últimas telas de la religión inculcada por mi madre y mi yaya desde la más tierna infancia y no la sustituí por ninguna otra religión, más allá del convencimiento de que vida solo hay una y hemos de disfrutarla y disfrutarnos al máximo y de la forma más consciente posible, en el hoy y ahora.

Creer en un más allá te aporta un fino velo de esperanza, pero creo que nos resta la fuerza y la consciencia de apreciar al máximo lo que es más probable no vuelvas a ver más tras la muerte y es a tus seres más queridos. 

Hoy terminé el último vídeo al que el algoritmo me ha lanzado y he comprendido que, también el auge del interés por estas experiencias (ECM) vienen del todo auspiciado por un interés del mercado que quiere que lo veas. Intereses para que compres libros, sigas canales concretos o simplemente te hagas cada vez más gilipollas de lo que ya eres de entrada.

Así que abandono el barco de los “y si” y “porqué no” y vuelvo al redil de mi ser gilipollas básico, sin adornos y completa y absolutamente mortal, como la hormiga que pasea en procesión por el parque, el pez plata que salió de entre los libros de la estantería o la cucaracha rumana que viajó en no sé qué equipaje, desde aquel lejano país del este, hasta aquí. 

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