Mi estoico preferido


Dice que es duro hacer tu testamento vital cuando sabes que hay un porcentaje real de que tras inyectarte propofol, midazolam o ketamina, lo que haya al final no sea despertarse de un sueño, si no poder adentrarse sin más, en una pesadilla.


Así que nos cuenta que con la dureza que da el pensar que con 50 recién cumplidos lo mismo te quedas vegetal, tetrapléjico o en coma, tuvo que visualizar lo que, ni de coña, querría para su mujer y su hijo, su madre, su padre y hermano. 


Si me pasara algo así, desconectarme o enchufarme tanto propofol, midazolam o ketamina, como para inducir a lo que quede de mi al sueño eterno.


Y lo cuenta con la fuerza del que ha aprendido lo realmente importante de esta vida. El amor con mayúsculas en sus diferentes formatos, familiar, de pareja, de amistad.


15 días después de diagnosticarle un tumor cerebral que si no le operaban le activaba un temporizador de 6 meses en esto llamado vida, se asomó al balcón y vio un tsunami de agua densa con toneladas de barro, arrastrando vehículos. Vive en Aldaya.


Sin tener que lamentar vidas humanas en su calle, su mujer y sus vecinos lloraban por la pérdida de sus vehículos, algunos recién adquiridos, con el recuerdo del olor a nuevo todavía en sus fosas nasales al evocarlos y él, mi amigo, al que le habían activado el temporizador hacia un viaje de no retorno, comenzó a mudar su escala de valores y a ponderar, por fin, lo verdaderamente importante. 


Estaban vivos. Qué puede haber más valioso que eso.


Hoy le he besado en el hombro de forma espontánea en no sé cuántas ocasiones, mientras nos hablaba, nos contaba, la importancia del día a día, de los gestos, los abrazos, las sonrisas del hoy, sin esperar a que vengan mañana. 


Hoy me sumo a su filosofía estoica, a su resiliencia, a saber tomarse la vida, como lo que es, un hoy y ahora, donde lo importante no se calibra en euros. 

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