No saques el paraguas

No saques el paraguas antes de que llueva...no saques el paraguas antes de que llueva...que no saques el paraguas antes de que llueva...recuerda...no saques el paraguas antes de que llueva...
Y en esas estoy, peleando con un fuerte vendaval que me azota el jeto y del que quisiera resguardarme con un paraguas, grande, tupido, oscuro, rígido, de esos que impiden ver la luz del sol.
Y mi sentido común me invita a que no lo abra, que piense en positivo, que visualice todo lo positivo de las cosas que nos acontecen, que agradezca que todavía tenemos sanidad pública, que aunque con dificultades sigue haciendo todo lo posible e imposible por curarnos, que gracias a esas crisis de hipertensión, a mi madre le han detectado algo que, de no haber sido por esa casualidad, tal vez lo hubieran visto demasiado tarde. Que siguiendo esta reflexión, estamos a tiempo de todo todavía.
Que yo, como hija, estoy para sostener, cuidar, calmar, ayudar en todo lo que necesiten mis septuagenarios padres, para que el periplo de la enfermedad sea más llevadero, más liviano, más fácil de caminar.
Así que me pongo en modo positivo porque la luz que irradie iluminará el camino de mis padres y no quiero ser mierda linterna sin pilas, quiero ser antorcha que ilumine amplia y claramente y si encima, mi luz les da calor, mejor que mejor.
Así que hoy comienza una especie de carrera, que siempre comienzo con velocidad, cual esprint que cree que corriendo más llega antes al final, para acabar, realmente, haciendo carrera de fondo. Despacio, pero sin pausa.
Comentarios
Publicar un comentario