Sabiduría de mi padre


Me quiero comprar una furgo nueva para poder llevar a mis padres de 77 de viaje por Europa. 


Este año la bretaña francesa, al otro porqué no a Yugoslavia. 

A donde sea con tal de pasar días de asueto junto a mis padres, porque lo único que me quedará de ellos son los momentos vividos y una bella escala de valores.


En ese querer una furgo pregunto y repregunto a una tal Gemini que si este modelo interesa más que este otro y en ese voy y vengo del frente a un cristal, llega el día de ayer y tras ver una furgo de ocasión le pregunto que qué le parece a esa misma máquina cochambrosa, de cables, calor infinito y millones de hectolitros de agua que nos roba a los humanos, que qué le parece la de ocasión. 


Conclusión Gemini me dice, que ni se me ocurra dejar escapar la de ocasión.


Si, si, Maribel, claro que si.


Cojo el teléfono y marco el teléfono de mi padre, el que atesora una verdadera inteligencia humana, construida a base de experiencia, ensayos propios y ajenos y errores en primera, segunda y tercera persona.


Y me dice que a él le parece que no, que a saber porqué se han quitado esa furgo, que no tenemos garantía de que tras un año salga alguna avería oculta que no dio la cara enseguida. Que la proporción número de kms/precio le parece desacompasada. Demasiado precio para tantos kilómetros.


Fin de la consulta. 


La conclusión de la sabiduría (mucho más en la liga de la inteligencia) de mi padre, gana por goleada a la voz dirigida e interesada de una máquina configurada por y para el mercado, bien escorado a la derecha, deseoso de masas humanas analfabetas manipulables y manejables, sumisas y temerosas que agachen bien la cogota para mirar sus cristales y asientan con absoluta fe y ceguera a los dictados de inteligencias interesadas, tan artificiales como los deseos de los Musk, Bezos, Trump, Botín, Sandras Ortegas y su puta madre.

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