Distintos horizontes

Anticipo y medito que en esta vida no existen los horizontes fijos, si no tantos horizontes como mínimos grados viremos en nuestra vida. 

Es así como me visualizo en grupos de senderismo, marchando a conocer a Neyva, a Jorge, experimentando sabores que no me permito experimentar a día de hoy. 

En mi casa me veo retirando con dolor imágenes y sustituyéndolas por otras, divertidas, reivindicativas, bellas.

Alejo el miedo de mi a vivir cosas nuevas, distintas, a caminar por sendas que ni me hubiera imaginado que podía transitar.

Son tantos años cambiando de posición geográfica dentro de mi misma que imaginar un salto más ya no me produce ansiedad, en todo caso pena.

Y transito por el duelo anticipado para reconocer las piedras porculeras que siempre aparecen en ese camino. Son demasiados duelos ya como para no saber de qué color son y cómo son sus puntas.

Así que ensayo, como en una obra de teatro, los diferentes escenarios de la vida para que, una vez en ellos, no me resulten extraños los diálogos y sepa, a mi manera, disfrutar de nuevas palabras.

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