La vida

Estoy leyendo La sociedad de la nieve. 


Uno a uno van desgranando cómo vivieron aquellos 71 días en uno de los lugares más inhóspitos de la tierra.


A la par que los leo, los veo 40 años después en una entrevista conjunta, sentados cada uno al lado del otro.

La mayoría con sus zapatitos brillantes de piel marrón. 


Siento una ternura infinita por esos hombres a los cuales la vida permitió llegar a superar la década de los 60 y comprendo, por fin, lo maravilloso que es nuestro cuerpo que pasa de ser una crisálida con veinte años, a ser una personita redonda, canosa y con la mirada afable del que ha vivido ya todo lo suficiente para entender lo afortunado de alcanzar las distintas décadas.


Este pensamiento me lleva a admirar mi nueva redondez, mis nuevas canas y a comprender que debo sentir admiración y gratitud por mi nueva etapa de vida.


En breve soplo mis cincuenta velas sobre el pastel. Rodeada de las personas más importantes de mi vida. 


Espero y deseo conseguir la mirada dulce y afable del que llegó a comprender lo verdaderamente importante de esto de vivir.

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