Tengo un agujero en el centro del pecho
Tengo un agujero en el centro del pecho, redondo y hueco como el que queda en un dibujo animado tras la bala disparada por otro dibujo imaginario. Tengo un agujero en el centro del pecho, con desgarros y sangre coagulada en una carne rosada e incréndula que no entiende cómo ha podido herirse así. Me gritaba llorando, con una amargura y un dolor profundo e inexorable, que su infancia había sido una mierda, que 22 días de un mes de abril cuando habitaba los 11 años, lloró en cada uno de los 22 y lo apuntó en una pizarra escondida, con una rayita de rotulador, verticales y seguidas, cual cómputo macabro de los días que alguien podría llevar dentro de su celda. Intenté ser buena madre, darle una infancia lo más feliz posible, pero él apuntó esas 22 rayitas rojas y aunque hayan existido 22.222 rayitas más de felicidad en verdes, lilas y amarillos, solo recuerda y tiene bien enmarcadas esas 22 rayitas rojas, símbolo de mi fracaso como madre, de mi imposibilidad de hacer de dos personita...