Empatía
Leyendo emails que quise guardar para no olvidar nunca la naturaleza de algunas personas, me he enternecido con mi propia naturaleza que tiende a minimizar los oprobios más deleznables contra mi persona, para cubrirlos con una fina pátina de polvo que los desdibuja hasta quedar casi ininteligibles y pasan a formar parte de un lejano recuerdo incómodo pero sin gran trascendencia para mi corazón. Me enternece confirmar que es así como funciona mi cerebro y cómo ese funcionamiento ha conseguido que jamás haya odiado a ninguna de las personas que me hicieron daño. Y cómo no solo no las he odiado si no que además, con la distancia que otorga el tiempo, cuando he pensado en ellas he meditado causas, modos y circunstancias que tienden, si no a justificar, si a perdonar, tratando de comprender qué dificultades de capacidades cognitivas, emocionales o de mera evolución madurativa, les había llevado a comportarse de manera cruel conmigo. Ayer mismo meditaba que tal vez el haber sido y seguir s...