Un cachalote varado
Ayer entendí que un grandísimo porcentaje de la población vivió su juventud con la suerte de disfrutar de esa etapa de la vida donde la energía nos acompaña, la belleza nos adorna y las ganas de descubrir nos empujan. Descubrí que vengo a ser un bicho raro, un socavón en el camino, un cachalote varado en una playa del mediterráneo, una piedra de río que se quedó fuera del cauce. Pasé mi juventud sin percibir la luz directa del sol, sin amaneceres, sin atardeceres, sin brisa, sin lunas, sin tener la capacidad de apreciar todo lo que nos hace disfrutar de la vida. Pasé mi juventud con el corazón en un puño y una tristeza perenne en mi armario ropero, que no se aligeraba con los cambios de estaciones. No fue hasta mis 41 años que comencé a percibir algo de luz, algo de brisa acariciándome la cara. No fue hasta mis 41 años que experimenté que era sentirse, de verdad, feliz. Así que cuando ese grandísimo porcentaje de la población me cuenta que ellos, ellas, echarían hacia atrás el rel...