Empatía

Leyendo emails que quise guardar para no olvidar nunca la naturaleza de algunas personas, me he enternecido con mi propia naturaleza que tiende a minimizar los oprobios más deleznables contra mi persona, para cubrirlos con una fina pátina de polvo que los desdibuja hasta quedar casi ininteligibles y pasan a formar parte de un lejano recuerdo incómodo pero sin gran trascendencia para mi corazón.
Me enternece confirmar que es así como funciona mi cerebro y cómo ese funcionamiento ha conseguido que jamás haya odiado a ninguna de las personas que me hicieron daño.
Y cómo no solo no las he odiado si no que además, con la distancia que otorga el tiempo, cuando he pensado en ellas he meditado causas, modos y circunstancias que tienden, si no a justificar, si a perdonar, tratando de comprender qué dificultades de capacidades cognitivas, emocionales o de mera evolución madurativa, les había llevado a comportarse de manera cruel conmigo.
Ayer mismo meditaba que tal vez el haber sido y seguir siendo, una gran devoradora de historias escritas, me ha regalado la bella capacidad de conocer los innumerables vericuetos del ser humano y cómo este, a lo largo de su propia historia, repetida incansablemente, siglo tras siglo, ha caído en los mismos errores de vileza, agresividad y violencia con sus congéneres, movidos por emociones primarias de lo más variadas, desde el poderoso miedo, pasando por el egoísmo, la envidia, los celos, la ambición, la ira, la venganza y el archimanoseado odio, sentimiento visceral que nace de alguna o de todas las anteriores emociones juntas.
De modo que, agradezco a la vida, a mi genética, a mis experiencias primeras que ayudaron a configurarme tal y como hoy soy, a mis posteriores experiencias de vida que, aunque dolorosas, me enseñaron tal vez más que todas las buenas que haya vivido o me queden por vivir.
Siento lástima de las personas que no son capaces de discernir siquiera entre sus propias emociones, imposible que disciernan sobre las emociones de los demás.
La sociedad ha involucionado hacia una suerte de individualismo carente de la herramienta más valiosa del ser humano, la empatía. Ojalá les hubiera rentado, económicamente hablando, a este capitalismo descarnado. De haber sido así, todas estas personas crueles, violentas, que hoy suman filas en el ejército del odio, muy probablemente, hubieran intentado, ni que fuera comprender, en qué consiste eso de ponerse en el lugar del otro.
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