Hasta siempre tío

Ya te has ido chicarrón del norte. 


Seguro que andas en alguna bodega celestial, de esas que en vez de bajar venga escaleras bajo tierra, suben a las nubes, para conservar bien fríos los barriles del mejor vino de Aranda de Duero. 


Seguro que andas con tu primo Periquín, como de niños, por las calles del pueblo, trasteando entre campos y piedras, mientras las madres andaban buscándoos.


Te has querido ir delante de mi, mostrándome como es eso de dejar de respirar y si, cuesta irse tío y cuesta mucho más cuando no quieres irte.


Pensaba que enfrentarse a la muerte estresaba, alteraba, nublaba la conciencia y sin embargo lo que me embargaba era la necesidad de insuflarte la mayor cantidad de paz y tranquilidad que pudiera aportarte, con suaves caricias, algún beso en la frente y la voz suave y tranquila, tanto para hablar a tu hijo que te tenía cogida la mano, como para hablarte a ti. 


No es difícil morirse, lo difícil es hacerse a la idea de que te tienes que ir. 


La muerte como tal, es un proceso y lo último, las últimas bocanadas de aire, en realidad, no son más que girar el pomo o la llave para abrir la puerta y dar el paso hacia el final de tu propia historia. 


Ya te has ido tío, el chicarrón del norte que era tan grande como sensible y pese a haber nacido en 1950, nadie le pudo convencer de que llorar no podía ser también un gesto propio de hombres y siempre dejó a su sensibilidad mostrarse a flor de piel. 


Descansa en paz tío. Hasta siempre. 

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