Vereda yerma

Me ha impresionado su falta de agilidad mental a la hora de conversar con ese entrevistador de radio.


Sus intervenciones escasas y con poca intensidad o prioridad en lo que comentaba. 


Sin querer menospreciar a las personas que tienen poca capacidad para comunicarse, siento que me hubiera aburrido como una ostra a su lado. 


Que el ingenio, la curiosidad, el espíritu crítico y el humor, tan necesario y vital para mí, hubieran brillado por su ausencia en su día a día, en mi día a día.


Me ha vislumbrado el porqué o el cómo de aquel deseo de muerte sobre mi persona, el porqué o el cómo de aquel menosprecio agresivo contra mis letras, como si aborreciera cualquier conato de belleza entre sus montañas de mediocridad y valores opuestos a todo aquello por lo que vale la pena ser humano.


He comprendido el pedazo regalo que me dio la vida al esquivarlo, cuando todavía desconocía a lo que me podía haber enfrentado, de haberme quedado en aquella vereda yerma, violenta y pueril.


Imagina una vida al lado de alguien que se mofa y desprecia cualquier conato de expresión artística, por poco que te pueda llegar, insultándola, vejándola, ridiculizándola. 


Tal vez sea un egocéntrico tan simple que no sepa siquiera entender que si su banda sigue rodando es gracias al arte que desprende la voz a través de la creación de sus letras. 


Me libré de una buena y aún así siento lástima por la persona que, tal vez, pudo haber sido y no fue. 

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