Hacer más consciente a la vida gracias a tener presente a la muerte

Cuántos yo han muerto ya, cuántos se difuminaron por el camino de la vida, ese espacio-tiempo tan dependiente uno del otro, tan inconcebible uno sin el otro, como el día sin la noche, como ese dolor sin el cuál no reconocerías con plenitud lo que es la alegría.
Ya he perdido la cuenta de cuántos y dicen, que si todo va bien, voy tan solo por la mitad del camino.
De modo que abro cajones en mi archivador de vida y observo a un montón de Miriam diferentes, una pequeña, divertida, despreocupada, rebelde, una adolescente, introvertida, independiente, solitaria, amante del ensimismamiento, una joven que despegó enérgicamente sus plantas de los pies del suelo para volar todo lo que sus saltos le permitían, una aprendiz de adulto que se rindió, que se escondió cual pollito en su nido y no quiso volver a vestirse de si misma, que prefirió ser marioneta que manejaran los demás, para así, quizás dejar de equivocarse.
Y observo la de hoy, libre ya de cuerdas que manejaran terceras personas, con un autoconocimiento notable que me permite saber qué quiero y qué no quiero, en qué, mis valores, me indican debo destinar mis esfuerzos y en qué caminos no vale la pena adentrarse.
De un tiempo a esta parte ando aumentando mi sed por conocer algo por lo que si o si, llueva o nieve, venga una tercera guerra mundial o el cambio climático nos sacuda bien fuerte a todos, voy a conocer de cerca, en tercera y primera persona, la muerte.
Así que desde distintas fuentes que han meditado en torno a ella, desde las mentes más remotas en el tiempo, a las contemporáneas, voy construyéndome mi propia relación con la muerte, etapa de la vida tan certera o más que el propio nacimiento, al que asistimos sin tener ni pajolera idea de que lo estábamos viviendo.
De modo que ando aprendiendo a vivir la muerte, intentando dialogar con ella, entendiendo su constante presencia en nuestra vida, desde el minuto cero de nuestra existencia, haciéndola presente para no olvidar lo valiosa que es la vida.
Tener viva a la muerte para tener conscientemente viva a la vida.
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