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Mostrando entradas de agosto, 2026

Desde que no nos vemos

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​ A moco tendido he acabado. Al ver la cara de su hija, en su mirada, en su sonrisa, en sus ojos, de pronto veía a Enrique y una profunda emoción, mezcla de alegría y tristeza ligaban una argamasa peculiar en mi pecho, que fabricaba quintales y quintales de lágrimas, a la par que construía un dique en mi garganta que me impedía dejar de llorar. Aquel noviembre de 2019 supe que hacían en Madrid su homenaje. Supe que quería ir con toda mi alma, pero no busqué con quien ir y sola no me atreví.  Se me quedó la espinita clavada para los restos. Y hace poco volviendo a escuchar a mis queridos Secretos de antaño, con la voz de Enrique viajando por todas y cada una de mis neuronas, descubrí que existía un DVD con el concierto que me perdí. Me lo he puesto en el comedor, una tarde de sábado solitaria y me he dejado inundar por todas y cada una de las emociones, al ver a diferentes artistas que lo admiraron y quisieron como yo, cantando sus canciones de ayer y siempre. Si fuera verdad aquell...

La vida

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​ Estoy leyendo La sociedad de la nieve.  Uno a uno van desgranando cómo vivieron aquellos 71 días en uno de los lugares más inhóspitos de la tierra. A la par que los leo, los veo 40 años después en una entrevista conjunta, sentados cada uno al lado del otro. La mayoría con sus zapatitos brillantes de piel marrón.  Siento una ternura infinita por esos hombres a los cuales la vida permitió llegar a superar la década de los 60 y comprendo, por fin, lo maravilloso que es nuestro cuerpo que pasa de ser una crisálida con veinte años, a ser una personita redonda, canosa y con la mirada afable del que ha vivido ya todo lo suficiente para entender lo afortunado de alcanzar las distintas décadas. Este pensamiento me lleva a admirar mi nueva redondez, mis nuevas canas y a comprender que debo sentir admiración y gratitud por mi nueva etapa de vida. En breve soplo mis cincuenta velas sobre el pastel. Rodeada de las personas más importantes de mi vida.  Espero y deseo conseguir la mir...

Distintos horizontes

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​ Anticipo y medito que en esta vida no existen los horizontes fijos, si no tantos horizontes como mínimos grados viremos en nuestra vida.  Es así como me visualizo en grupos de senderismo, marchando a conocer a Neyva, a Jorge, experimentando sabores que no me permito experimentar a día de hoy.  En mi casa me veo retirando con dolor imágenes y sustituyéndolas por otras, divertidas, reivindicativas, bellas. Alejo el miedo de mi a vivir cosas nuevas, distintas, a caminar por sendas que ni me hubiera imaginado que podía transitar. Son tantos años cambiando de posición geográfica dentro de mi misma que imaginar un salto más ya no me produce ansiedad, en todo caso pena. Y transito por el duelo anticipado para reconocer las piedras porculeras que siempre aparecen en ese camino. Son demasiados duelos ya como para no saber de qué color son y cómo son sus puntas. Así que ensayo, como en una obra de teatro, los diferentes escenarios de la vida para que, una vez en ellos, no me resulten ...