Convertirme en antorcha humana
Es inevitable sentirse extraña, como contrariada, confusa, extraterrestre sobre esta superficie que yace bajo mis pies. Intento ser fuerte, positiva, animosa, luchadora, insistente, persistente, corredora de fondo, budista, hinduísta y todos los gongs que quepan en mi cabeza para mantener la calma chicha y acallar a todas las voces que como perros rabiosos y contagiados de ira vienen a morderme las vueltas, valles y pliegues de mi cenizo cerebro. Si el mundo supiera de mis fuegos internos, descargarían sobre mi todos los extintores que hubiesen sobre la faz de la tierra, con el temor inminente de que pudiera convertirme en antorcha humana y quemar a todo aquel inocente que anduviera cerca de mi. He falsificado mi diploma de funambulista y como la temeraria impulsiva que siempre fui, me he lanzado a visualizar mis pies, superponiéndose uno delante del otro sobre la fina cuerda tensada. Y abajo el precipicio hijo puta me llama, se descojona, a ratos me habla en voz bajita para que me car...