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Mi mami y mi miedo

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​ Siento haberme enfadado contigo mamá y que mi enfado venga precisamente por tu deterioro cognitivo, psicológico y físico. Es como si la rabia, la impotencia y quintales de miedo con mayúsculas inundaran mi cerebro y mis entrañas y en vez de ayudarte, te regañara por sentirte mal, por sentirte triste, por sentir que ya no eres la que eras y que eso te produzca sufrimiento y apatía. De pronto me enfurece pensar que no aceptes el deterioro propio de tu edad, que no quieras comprender que tienes casi 77 años y que tal cantidad de décadas entre pecho y espalda, no pueden pasar desapercibidos, no pueden no dejar rastro, ni consecuencias. Siento rabia cuando observo que mi madre es un espíritu joven dentro de un cuerpo viejo. En vez de sentir alegría de pensar que mi madre se siente joven, que tiene todavía ilusiones como las tuvo hace mucho, siento rabia, porque sufro cuando ella sufre al tomar conciencia de que su cuerpo ya no le acompaña. Me genera infinita impotencia saber que no puedo ...

La humanidad es un hámster

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  Me cuesta toneladas de peso imaginario el afrontar cómo a lo largo de la existencia de la humanidad ha persistido la maldad, la corrupción , la mentira, la violencia, la impunidad de los mismos frente a la injusticia rampante para, también, los mismos de siempre. Cuál hámster inmortal en una rueda de color verde, fucsia, morada, negra o azul.  La humanidad se me antoja esa rata, caminando exactamente igual a lo largo de los siglos, por la misma rueda de plástico, en la que únicamente varía el color, las formas decoradas de las distintas ruedas, pero no varía el contenido.  Unos pocos esquilmando, sometiendo, torturando y asesinando a muchos, a todos, a la humanidad completa. Y se pulen las formas, se rebajan las torturas, tal vez se afinan las maneras de asesinar, sin que salpique tanta sangre, pero con la misma y puede incluso que más, efectividad de aniquilamiento. Y me digo que en todos los tiempos nos han tenido en frente, que con los siglos de aprendizaje, ese...

Ser honesta conmigo misma

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Ando tratando de aceptar y amar mis nuevos contornos.  Nuevos y distintos a los que durante más de treinta años me han acompañado. Miro mi reflejo de reojo en el cristal de la ventana de mi comedor, mientras ando imitando, torpemente, a una joven profesora de gimnasia en su canal de youtube con su especial "Menopausia". El abdomen que veo me recuerda a mis cinco meses de gestación de mis dos niños, solo que hoy día, en ese preciso instante, ya no hay feto que ande pidiendo espacio, solo grasa que el cuerpo a virado de otras zonas más periféricas hacia el mismo centro de mi cuerpo. Y me acaricio el recién abultado vientre con ternura, porque he aprendido a quererme y a darme la bienvenida en todas mis edades. También en esta, al filo del último año de la década de los cuarenta. Hablo con un querido amigo norteño en el centro de la península y me recuerda que alguna vez habité imágenes de mi misma que me gustaba compartir.  Busco cuál podría seguir transmitiéndole la misma sens...

Un cachalote varado

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Ayer entendí que un grandísimo porcentaje de la población vivió su juventud con la suerte de disfrutar de esa etapa de la vida donde la energía nos acompaña, la belleza nos adorna y las ganas de descubrir nos empujan. Descubrí que vengo a ser un bicho raro, un socavón en el camino, un cachalote varado en una playa del mediterráneo, una piedra de río que se quedó fuera del cauce. Pasé mi juventud sin percibir la luz directa del sol, sin amaneceres, sin atardeceres, sin brisa, sin lunas, sin tener la capacidad de apreciar todo lo que nos hace disfrutar de la vida. Pasé mi juventud con el corazón en un puño y una tristeza perenne en mi armario ropero, que no se aligeraba con los cambios de estaciones. No fue hasta mis 41 años que comencé a percibir algo de luz, algo de brisa acariciándome la cara.  No fue hasta mis 41 años que experimenté que era sentirse, de verdad, feliz. Así que cuando ese grandísimo porcentaje de la población me cuenta que ellos, ellas, echarían hacia atrás el rel...

No saques el paraguas

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No saques el paraguas antes de que llueva...no saques el paraguas antes de que llueva...que no saques el paraguas antes de que llueva...recuerda...no saques el paraguas antes de que llueva... Y en esas estoy, peleando con un fuerte vendaval que me azota el jeto y del que quisiera resguardarme con un paraguas, grande, tupido, oscuro, rígido, de esos que impiden ver la luz del sol.  Y mi sentido común me invita a que no lo abra, que piense en positivo, que visualice todo lo positivo de las cosas que nos acontecen, que agradezca que todavía tenemos sanidad pública, que aunque con dificultades sigue haciendo todo lo posible e imposible por curarnos, que gracias a esas crisis de hipertensión, a mi madre le han detectado algo que, de no haber sido por esa casualidad, tal vez lo hubieran visto demasiado tarde. Que siguiendo esta reflexión, estamos a tiempo de todo todavía.  Que yo, como hija, estoy para sostener, cuidar, calmar, ayudar en todo lo que necesiten mis septuagenarios padr...

Vuelvo a ser gilipollas básica

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Nos envían señales…si, los extraterrestres…espera no, son los que murieron y ya no están entre nosotros pero nos quieren decir algo…no espera, creo que no son ellos, son los de siempre…¿quienes? los del mercado, los del gremio del quiero todavía más pasta de la que me podré gastar en 100.000 vidas…si, sin duda, son ellos. Hace más de un año que me quité las dos redes sociales que me invitaban diariamente a hacer un scroll infinito, carente de todo sentido, más allá del joderme todavía más la presbicia, fabricarme mayor desgaste de cervicales y lo peor, robarme el único tiempo de vida disponible que ya no volverá.  De ese modo sucedió que al ser consciente de la tremenda mierda en la que me había metido, como el que deja de meterse rayas, dejé de existir en esos mundos virtuales de mierda. Así que me quedó un bonito ladrillo rectangular, no muy grueso, que me servía para escribir y recibir esporádicamente algún watsap, mirar cada mañana los titulares de las noticias de mi diario dig...

Agujeros en el camino

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Inicié esta andadura preparándome para un final, el final que desde que tengo uso de razón y guardo memoria, siempre ha acabado llegando.  Mi experiencia me ha enseñado que no existe nada, absolutamente nada que sea eterno, salvo la condición de hija y de madre, que resulta eterno hasta nuestra última exhalación.  Visualizo diversos futuros y en todos expando mi optimismo imaginando nuevas aventuras, nuevas experiencias, nuevos afectos, nuevas oportunidades. Mi angustia anticipando duelos dura poco, porque se que también los duelos me edifican, me construyen, me hacen crecer. Sobre todo en el noble ejercicio de valorar, por encima de todo, todas aquellas cosas buenas que esa persona nos aportó. Deshechando rápidamente del centro del pecho o del estómago, todas aquellas vivencias no tan buenas por las que haya tenido que pasar. Planifico mentalmente, futuros posibles para mis peques, que son lo que más me importa en este mundo. Bueno, ellos y mis padres. Y en todos los escenari...